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domingo, 28 de abril de 2013

Muñeca rota


Los finos y delicados nudillos de una bailarina de porcelana golpearon la puerta por, al menos, décima vez. Su voz asustada y débil clamaba al otro lado una respuesta, cualquier tipo de respuesta. Lloraba, humedeciendo sus rosadas mejillas.
Pero ella no quería responder. Bebía otro trago, ya no quemaba. No dolía: aliviaba. Ella se dejaba desvanecer en el silencio del pequeño cuarto de baño sin intención alguna de decir o hacer algo más que continuar muriéndose poco a poco ahogada en lágrimas de alcohol y cócteles de emociones. ¿Por qué nadie le avisó de que la realidad era tan dura?
Sus nudillos también eran finos y delicados, también ella era una bailarina. De piel pálida y suave, de piernas largas y hermosas, flexibles y capaces de dibujar sobre las notas de un piano. Estiró sus piernas tendida en el frío suelo en la penumbra de la noche. La luz de la iluminación pública que se colaba por la pequeña ventana perfilaba el contorno de sus zapatillas de ballet. Sus viejas zapatillas de la suerte.
"Vaya mierda de suerte" ahogó en otro trago. Se sentía tan atada como las cintas que rodeaban sus tobillos, tan atrapada como la rígida postura de su espalda. Tan harta, tan cansada. Tan rendida.
Y es que no era más que otra muñeca de entre tantas. Otra muñeca utilizada y desechada. Estaba al límite, ya no soportaba que jugaran con ella y sus ojos de cristal. Su corazón de porcelana no estaba hecho para juegos tan terribles como el amor.
¿De qué sirve tanta disciplina si ni siquiera puedes educar tus sentimientos, tus ilusiones, tus impulsos? Ni siquiera bailar la podría aliviar ahora. Ni siquiera podía bailar lo que ella necesitaba bailar. Quería ser libre, estaba harta de aquella prisión de cerámica. Ella sólo quiere gritar. Gritar o dejarse morir en la soledad y la oscuridad, sin atender a los gritos del otro lado de la puerta, donde sus compañeros temen por ella y por la función. Todos preocupados más por el qué dirán que por la estrella de la compañía. Todos como figuritas todavía por estrenar, con sus zapatillas de ballet, sus mallas y sus vestidos. Su maquillaje de fantasía y sus moños bien apretados.
Se dejó caer hacia atrás, soñando con titulares como "La muñeca que se rompió".
Afuera, la de los nudillos insistentes seguía intentando abrir aquella cerradura traicionera tras escuchar el cristal de una botella llena de penas romperse. Intentando abrirla con aceite de lágrimas como lubricante.
La encontraron inconsciente entre tules de princesa y pedazos de una luna de cristal. Sus rasgos eran como los de esa muñeca de porcelana de mejillas rosadas y labios color ciruela que todos los coleccionistas desean. Sus rizos dorados y perfectos sólo eran un espejismo. Todo el mundo lo sabía, pero siempre lo olvidaban: con la porcelana no se juega, es sumamente frágil.



Frase del día: Baila para la vida,
vive para bailar

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