Sentada en el borde de la cama, agarraba con
fuertes puños las sabanas, mientras las lágrimas cayendo sobre los muslos
reprimían su dolor. La habitación era casi tan oscura como su alma, apenas unos
cuantos rayos de luz entraban tímidamente iluminando sus piernas haciendo brillar
con la luz del cielo las lágrimas del suelo. Con gritos sofocados intentaba que
nadie la oyera ser frágil, ser vulnerable. Dejó de agarrar las sabanas, y
quiera en silencio observaba sus manos que no podían parar de temblar. Se las
acerco cuidadosamente a la cara limpiando los restos de lágrimas que asomaban
con la intención de deslizarse. Se levantó con pesadez, abrió las cortinas
observando las blancas nubes y la luz la cegó. Se dio la vuelta, pasó ante un
espejo que evitó mirar y salió por la puerta de su habitación de vuelta a la
realidad y a la vida que llevaba con una sonrisa postiza pintada en la cara.

No hay comentarios:
Publicar un comentario